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Esto que vas a leer en este blog son algunos "detalles" que tus profesores de historia no creyeron que fuera necesario contarte.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Los máximos hipócritas.

Como siempre aqui no me invento nada, eso se los dejamos a los novelistas y cuentistas  profesionales, todo puede ser comprobado esto está escrito en 1974 por un valiente sin complejos llamado Austin J. App.

La tendencia a condenar al Nacionalsocialismo alemán para toda la eternidad debido a presuntas atrocidades, que ni siquiera son verdaderas es quizás el peor error de los vencedores.

A pesar de todo, los máximos hipócritas, los santos "cruzados" del mundo, Roosevelt, Churchill y su secuaces, nunca sugirieron que Stalin debía ser juzgado como un criminal de guerra, ni tampoco entonces o desde entonces alguna vez han sugerido que el sistema comunista de gobierno debiera ser prohibido para siempre

Un día la Historia reconocerá lo que Harry Elmer Barnes escribió en su reseña del libro "Road to War" de George N. Crocker en 1959:
El gran crimen de nuestra época fue la planificación y el lanzamiento de la guerra por parte de los británicos, y el apoyo estadounidense de aquello y su entrada en aquella guerra. Los únicos baluartes adecuados contra la expansión comunista eran la Alemania Nacionalsocialista, la Italia Fascista, y Japón. Cuando ellos fueron destruídos o derrotados no quedó nada más con suficiente poder para contener al Comunismo.


Y Roosevelt, sin la más leve provocación, ¡arrebató la espada de las manos alemanas e hizo que Alemania se rindiera de manera incondicional convirtiéndola en escombros! ¿Por qué él estaba tan determinado a destruír a Alemania? Para citar al doctor Barnes otra vez en su revisión de "Origins of World War II" de A. J. P. Taylor, donde en efecto éste exoneró al Tercer Reich de responsabilidad por el inicio de la guerra, Barnes escribió:

Hay poca evidencia de que él, Roosevelt estuviera profundamente perturbado por la política anti-judía de Hitler; él estaba mucho más molesto por el hecho de que el Nuevo Trato de Hitler su política económica había tenido éxito de manera espectacular mientras que el suyo propio había fracasado en llevar prosperidad a Estados Unidos.


El error de aquellos que equiparan al Nacionalsocialismo con el comunismo consiste en que olvidan que todos los sistemas de gobierno en parte se parecen unos a otros. De hecho, todos los gobiernos tienen a un jefe ejecutivo, llámese dictador o no; ellos tienen una policía, más o menos eficiente o severa; ellos tienen recaudadores de impuestos; ellos tienen prisiones o campos de concentración, incluso los Rooseveltianos tenían de estos últimos; ellos tienen un servicio secreto, un sistema de espionaje; y si el Estado y la Iglesia son ambos dedicados a sus causas, habrá algunas tensiones entre ellos. Uno podría continuar. La Rusia soviética, el Tercer Reich y Estados Unidos tenían muchas cosas en común. ¡Pero eso no los hacía similares!.


Otro error consiste en juzgar a un sistema político mientras éste está en guerra, cuando, como en el caso del Tercer Reich, estaba luchando frenéticamente contra la Rendición Incondicional. Por ejemplo, cuando los vencedores vieron algún campo de concentración fue durante el colapso del Tercer Reich, cuando durante al menos tres meses éste estaba en el caos, cuando el bombardeo y el cañoneo habían destruído su sistema de transporte. Incluso la población civil y el ejército entonces habían sufrido de una alimentación inadecuada. Naturalmente aquellos que estaban en campos de concentración durante aquellas semanas ¡no fueron alimentados tan bien como los nisei, gente de ascendencia japonesa en EE.UU. que estaban en los campos de concentración Rooseveltianos en el Occidente que no estaba en peligro y que no estaba siendo bombardeado! Las cosas eran tan caóticas en Alemania a la hora de la rendición que incluso después de que Eisenhower había capturado Dachau, él mantuvo encerrados a todos los que estaban allí, a 32.000 personas; la escasez era tan mala que según Nerin E. Gunn (Day of the Americans) mientras los estadounidenses controlaron Dachau, 300 internos pasaron hambre hasta la muerte cada día, "aún más que bajo los alemanes".





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