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Esto que vas a leer en este blog son algunos "detalles" que tus profesores de historia no creyeron que fuera necesario contarte.

martes, 5 de mayo de 2015

El trato a los detenidos.



Si se quiere saber quiénes eran esos visitantes, veámoslo:
Había visitas colectivas y visitas particulares. Estas últimas eran especialmente frecuentes en período de vacaciones, cuando los oficiales de la S.S. enseñaban el campo a sus amigos o parientes. Estos eran igualmente, en su mayoría, miembros de la S.S. o jefes de la S.A., a veces también oficiales de la Wehrmacht o de la policía. Las visitas colectivas eran de diferentes clases. Se veía frecuentemente a promociones de agentes de policía o gendarmes de un cercano centro de formación, o a promociones de aspirantes de la S.S. Después de comenzada la guerre, había también visitas de oficiales aviadores. De vez en cuando, se veían igualmente paisanos. Una vez llegaron a Buchenwald delegaciones de juventudes de los países fascistas que se habían reunido en Weimar para un congreso cultural. También iban al campo grupos de las juventudes hitlerianas.

Los visitantes de importancia, tales como el gauleiter Sauckel, el jefe superior de la policía de Weimar, Hennicke, el príncipe de Waldeck-Pyrmont, el coude Ciano, ministro de Asuntos Exteriores de Italia, comandantes de la circunscripción militar, el jefe de Sanidad del Reich doctor Conti, y otros visitantes de esta categoría quedaban frecuentemente hasta la hora de formar filas por la noche.

Así pues, se ocultaban cuidadosamente las huellas o las pruebas de malos tratos, no solamente en general a los visitantes extranjeros u otros, sino incluso a las más altas personalidades de la S.S. y del III Reich. Yo me figuro que si estas personalidades se hubieran presentado en Dachau y en Birkenau se les habría suministrado respecto a las cámaras de gas explicaciones tan pertinentes como sobre el «potro» de Buchenwald. Y yo planteo la cuestión: ¿Cómo se puede afirmar después de esto que todos los horrores de los que han sido teatro los campos formaban parte de un plan concertado en las altas esferas?…



En principio, antes de aplicar la pena a palos, la dirección del campo debía solicitar la aprobación de Berlín y el médico del campo tenía que certificar al W.V.H. de la S.S. que el preso tenía buena salud. Este fue el uso durante mucho tiempo en todos los campos, hasta que al fin en gran número de ellos se comenzó por enviar al preso al “potro” y darle tantos golpes como se juzgaba oportuno.

Luego, después de haber recibido la autorización de Berlín, se comenzaba de nuevo, pero esta vez oficialmente.

No hay que advertir que el apaleamiento se aplicaba casi siempre en las posaderas al descubierto y que para luchar contra este abuso y no para agravar la pena, fue enviada a todos los campos la circular en cuestión.

Ciertamente, uno puede sorprenderse y encontrar bárbaro que el apaleamiento haya sido uno de los castigos previstos. Pero ésa es otra cuestión: en un país como Alemania en el que con el nombre de «Schlag» hasta fines de la guerra 1914-1918 estaba previsto para todo el mundo como el castigo más benigno, no resulta sorprendente que haya sido mantenido por el nacionalsocialismo para los delincuentes mayores, sobre todo si se tiene en cuenta que la república de Weimar obró de la misma manera. Más sorprende que en un país como Francia, donde montones de circulares han confirmado su supresión desde hace un siglo, millones de negros continúen estando expuestos a él y lo sufran efectivamente con las posaderas al descubierto, puesto que tienen por añadidura la mala suerte de vivir en regiones de la tierra donde no tienen necesidad de ir vestidos.



Otra circular fechada el 28 de diciembre de 1942, procedente de la Oficina central de administración económica de la S.S. (registrado en el libro de correspondencia secreta con el número 66/42, referencia D/111/14h/82.42.Lg/Wy) y llevando la firma del general Kludre de la S.S. y de las Armas S.S., dice:
… Los médicos de los campos deben vigilar más de lo que lo han hecho hasta el presente, la alimentación de los presos, y de acuerdo con las administraciones deben someter al comandante del campo sus propuestas de mejora. No obstante, éstas no deben quedar sobre el papel, sino que deben ser regularmente controladas por los médicos de los campos.

Es preciso que la cifra de mortalidad sea disminuida notablemente en cada campo, pues el número de presos debe ser puesto al nivel exigido por el Reichsführer de la S.S. Los médicos primeros del campo tienen que emplear todos sus medios para conseguir esto… El mejor médico en un campo de concentración no es el que cree útil distinguirse por una dureza fuera de lugar, sino el que mantiene en el más alto grado posible la capacidad de trabajo a través de la vigilancia y procediendo a cambios en los lugares de trabajo.

Quizá podrían venir otros documentos en apoyo de la tesis que sostengo: duermen todavía en los archivos alemanes, donde, en caso de que ya estén puestos al día, no han sido publicados por aquellos que han tenido la suerte de compulsarlos. El método que se sigue para efectuar este trabajo es sorprendente. Por ejemplo, con el título de El payaso no ríe David Rousset ha publicado una colección de documentos relativos a las atrocidades alemanas en todos los dominios; él calla respecto a la segunda de las dos precitadas circulares porque destruye en gran parte su argumentación; y si bien cita la primera, adultera completamente el sentido de ella. A este respecto, si bien hay motivos para desconfiar de las explicaciones e interpretaciones de Eugen Kogon, hay que felicitarse de que haya sido lo bastante objetivo  quizá incluso involuntariamente para descubrir la verdad.

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