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Esto que vas a leer en este blog son algunos "detalles" que tus profesores de historia no creyeron que fuera necesario contarte.

martes, 1 de septiembre de 2015

Hechos versus Mentiras..

Como siempre  aqui  no me invento  nada, todo es comprobable, el siguiente breve ensayo apareció publicado primeramente en The Journal of Historical Review, en Julio de 1995, y puede verse en ihr.org en el inglés original. Su autor, el estadounidense Theodore J. O'Keefe, con estudios universitarios en Historia, se desempeñó como uno de los editores de la mencionada publicación. Lo que aquí expone es una serie de hechos que no son publicitados masivamente y que desmienten la constante propaganda tendenciosa en cuanto a lo que se propagó que había ocurrido en los campos de trabajo alemanes de la Segunda Guerra, con algunos valiosos y novedosos testimonios de investigadores de la época y reafirmados posteriormente, se recomienda prestar especial atención  al testimonio de Charles Larson, uno de los principales patólogos forenses de EE.UU.

La Liberación de los Campos:
Hechos versus Mentiras


Nada ha sido más eficaz para establecer la autenticidad de la historia del Holocuento en las mentes contaminadas que las escenas que las tropas de EE.UU. descubrieron y  "filmaron" cuando ellos entraron en los campos de concentración alemanes.


En Dachau, Buchenwald, Dora, Mauthausen, los milagrososo sobrevivientes les contaron historias espeluznantes de tortura y matanza, y respaldaron sus afirmaciones mostrando a los soldados hornos crematorios, supuestas cámaras de ejecución por gas, supuestos instrumentos de tortura, e incluso cabezas reducidas y pantallas de lámpara, guantes y bolsos supuestamente hechos de la piel desollada de presidiarios muertos.

Las autoridades gubernamentales de EE.UU., conscientes de que muchos estadounidenses que recordaban las historias de atrocidades con que los alimentaron durante la Primera Guerra Mundial todavía dudaban de la propaganda Aliada dirigida contra el régimen de Hitler, resolvieron "documentar" lo que los soldados habían encontrado en los campos. Destacados periodistas y políticos fueron llevados en avión para ver la horrorosa evidencia, mientras que el Cuerpo de Señales del Ejército estadounidense filmó y fotografió las escenas para la posteridad. El famoso periodista Edward R. Murrow reportó, con tonos de horror, pero ya no de incredulidad, lo que a él le había sido dicho y mostrado, y Dachau y Buchenwald fueron marcados en los corazones y las mentes del pueblo estadounidense como nombres de infamia incomparable en la triste y sangrienta historia de este planeta.



Lo que los soldados encontraron fue usado por medio de películas que fueron de visión obligatoria para el vencido pueblo de Alemania, para "reeducar" a la gente alemana, destruyendo su orgullo nacional y su disposición a un Estado nacional unido e independiente, imponiendo en su lugar los abrumadores sentimientos de culpa colectiva e impotencia política. Y cuando el testimonio, y el veredicto, del Tribunal de Núremberg incorporaron la mayoría, si no todas, de las historias de horror que a los estadounidenses se les contaron sobre Dachau, Buchenwald, y otros sitios capturados por el Ejército estadounidense, el "Holocausto" podría pasar como uno de los episodios históricos más documentados, más autentificados y más demostrados de todo el registro humano.


Pero es sabido hoy que, muy poco después de la liberación de los campos, las autoridades estadounidenses fueron conscientes de que la verdadera historia de los campos era completamente diferente de aquella en la cual ellos estaban entrenando a oficiales militares de información pública, portavoces del Gobierno, políticos, periodistas y otros voceros.


Cuando las fuerzas estadounidenses y británicas invadieron Alemania occidental y central en la primavera de 1945, ellas fueron seguidas de tropas encargadas de descubrir y asegurar cualquier evidencia de crímenes de guerra alemanes.


Entre éstas estaba el doctor Charles Larson, uno de los principales patólogos forenses de EE.UU., que fue asignado al departamento del Consejero Legal del Ejército estadounidense. Como parte de un Equipo de Investigación de Crímenes de Guerra estadounidense, el doctor Larson realizó autopsias en Dachau y aproximadamente otros veinte campos alemanes, examinando durante algunos días más de 100 cadáveres. Después de su sombrío trabajo en Dachau, él fue interrogado durante tres días por fiscales del Ejército estadounidense.


¿Las conclusiones del doctor Larson? En una entrevista de periódico en 1980 él dijo:
Lo que hemos oído es que seis millones de judíos fueron exterminados. Parte de eso es un engaño. 

¿Y qué parte era un engaño? El doctor Larson, quien dijo a su biógrafo que para su conocimiento él había sido el único patólogo forense de servicio en el Teatro europeo entero" de operaciones militares Aliadas confirmó que nunca se descubrió un solo caso de gas tóxico.

Si no fue por gaseamiento, ¿cómo perecieron las desafortunadas víctimas en Dachau, Buchenwald y Bergen-Belsen?. ¿Fueron torturadas hasta la muerte o deliberadamente privadas de comida? Las respuestas a estas preguntas son conocidas también.


Como el doctor Larson y otros hombres médicos Aliados descubrieron, la principal causa de muerte en Dachau, Belsen y los otros campos fue la enfermedad, fue sobre todo el tifus, un viejo y terrible azote de la Humanidad que hasta hace poco florecía en lugares donde las poblaciones estaban atestadas en circunstancias donde las medidas públicas de salud eran desconocidas o habían colapsado. Tal fue el caso en los atestados campos de internamiento en Alemania al final de la guerra, donde, a pesar de medidas tales como el despiojamiento sistemático, la cuarentena de los enfermos y la incineración de los muertos, el virtual colapso de Alemania en cuanto a alimentos, transporte y sistemas de salud pública, condujo a la catástrofe.


Quizá la declaración más autorizativa de los hechos con respecto al tifus y la mortalidad en los campos ha sido hecha por doctor John E. Gordon, doctor en Medicina, doctor en Filosofía y profesor de medicina preventiva y epidemiología en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, que estuvo con las fuerzas estadounidenses en Alemania en 1945. El doctor Gordon relató en 1948 que: 
Las epidemias en los campos de concentración y prisiones compusieron el grueso de las infecciones de tifus encontradas en Alemania". El doctor Gordon resumió las causas de dichos brotes como sigue:

Alemania en los meses de primavera de Abril y Mayo de 1945 era una visión sobrecogedora, un desorden de gente viajando de aquí para allá, sin hogar, a menudo hambrienta y llevando el tifus con ellos...


Alemania estaba en el caos. La destrucción de ciudades enteras y el camino dejado por los ejércitos en su avance produjeron una interrupción de las condiciones de vida, lo que contribuyó a la difusión de la enfermedad. La higiene era de la peor calidad, los servicios públicos fueron seriamente interrumpidos, el suministro y la distribución de alimentos eran pobres, las viviendas eran inadecuadas, y el orden y la disciplina estaban ausentes por todas partes. Pero más importante aún, estaba ocurriendo un cambio de poblaciones como pocos países y pocas veces han experimentado».




Las conclusiones del doctor Gordon son confirmadas por el doctor Russell Barton, hoy un psiquiatra de reputación internacional, que entró en Bergen-Belsen con las fuerzas británicas como un joven estudiante de medicina en 1945. Barton, que se ofreció para cuidar a los sobrevivientes enfermos, declaró bajo juramento en una sala de tribunal de Toronto en 1985 que: 
Miles de prisioneros que murieron en el campo de concentración de Bergen-Belsen durante la Segunda Guerra Mundial no fueron deliberadamente privados de comida hasta la muerte, sino que murieron de diversas enfermedades.




El doctor Barton posteriormente declaró que al entrar en el campo él había creído las historias del hambre deliberada, pero había decidido que tales historias eran falsas después de inspeccionar las cocinas bien equipadas y los registros meticulosamente mantenidos, que se remontaban hasta 1942, de la comida cocinada y distribuída cada día.


A pesar de afirmaciones ruidosamente publicitadas y difundidas nociones populares en contrario, ningún investigador ha sido capaz de documentar una política alemana de exterminio por hambre en los campos alemanes.

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