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Esto que vas a leer en este blog son algunos "detalles" que tus profesores de historia no creyeron que fuera necesario contarte.

viernes, 22 de mayo de 2015

Castillo-Prisión de Hoheneck..

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Durante 40 años la RDA dirigió la Prisión Hoheneck para prisioneras políticas: mujeres y muchachas jóvenes, que de parte de los tribunales militares soviéticos y de Alemania Oriental recibieron largas condenas de prisión por presunto espionaje, anti-comunismo o debido a la difamación del Estado socialista al intentar viajar. Estas mujeres y muchachas fueron privadas de su dignidad y degradadas diariamente con castigos físicos y psicológicos. Muchos niños nacieron aquí como productos de la violación durante la ocupación.


No había ningún lugar para los niños dentro del sistema de prisiones de Alemania Oriental, y para ocultar el hecho de que muchos habían nacido de madres ya encarceladas en campos de trabajo soviéticos o prisiones de Alemania Oriental, ellos no fueron enviados a vivir con sus parientes sino que fueron arrebatados a sus madres y llevados a la ciudad de Leipzig donde fueron considerados como huérfanos sin nombre o fecha de nacimiento, y sólo con un número de identificación. Ellos fueron pronto separados y encargados a varios hogares de niños, pero todos sus lugares de nacimiento decían Leipzig.
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Pero en Hoheneck nacieron incluso más bebés, producto de los abusivos guardias, y a esos niños sólo se les permitía vivir con su madre durante unos meses antes de que ellos fueran separados y enviados a hogares de niños en la RDA. La mayor parte de las mujeres en Hoheneck que fueron condenadas por consejos de guerra soviéticos habían sido liberadas hacia 1956, pero el lugar fue llenado entonces otra vez con mujeres que habían sido condenadas por los "tribunales" comunistas de Alemania Oriental, muchas de ellas por motivos políticos, y los presas políticas y las criminales a menudo vivían juntas en piezas de 24 mujeres en condiciones deplorables.–

La estoica mujer alemana..

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Alemania había perdido a 15 millones de hombres. Los maridos, los hermanos y los hijos fueron muertos, mutilados o no liberados todavía de su largo cautiverio, y la limpieza fue dejada a las mujeres, muchas sufriendo enfermedades y angustia física. Las mujeres también tuvieron que alimentar y albergar a sus hijos y sus padres ancianos. Ellas también atendieron a los heridos, sepultaron a los muertos y salvaron pertenencias. Muchas mujeres todavía tuvieron que hacer filas durante horas para conseguir pan o mantequilla, y terminaron con nada. Era una batalla diaria por la supervivencia. Con la carencia de mano de obra para limpiar los escombros, a las mujeres se les dejó para que reconstruyeran Alemania en el período de posguerra. Para asegurarse de que ellas lo hicieran, el Consejo de Control Aliado introdujo un deber de trabajo OBLIGATORIO para las mujeres y, más bien que referirse a ellas como trabajadoras esclavas, ellos dieron a las mujeres responsables del retiro de escombros el nombre genérico de "mujeres de los escombros", y por lo general les permitían unas raciones de comida extras como una recompensa simbólica.
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A los medios occidentales de comunicación les gusta hablar de "mujeres de los escombros" como si se hubiera tratado de un trabajo alegre y voluntario. En realidad, algunas mujeres que limpiaban las ciudades destruídas no tenían ninguna otra elección: muchas eran demasiado viejas, demasiado jóvenes o demasiado desnutridas para hacer el duro trabajo manual, y rápidamente enfermaron o fallecieron como resultado de ello. Las mujeres en grupos de trabajo a menudo trabajaban bajo la vigilancia de guardias armados, a menudo sin instalaciones sanitarias privadas. Algunas eran víctimas de violaciones y otras actividades criminales. Trümmerfrauen era su nombre oficial, o trabajadoras ayudantes en la industria de la construcción. Con gran dolor físico y psicológico, y utilizando sólo herramientas básicas y, sobre todo, sus manos desnudas, ellas con palas cargaban rocas en vagones sobre líneas férreas cargados de escombros que a menudo tenían que empujar ellas mismas.
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Cuando los hombres comenzaron a volver a casa tras la guerra, ellos se encontraron con mujeres que se habían hecho muy independientes y que tenían establecido un papel diferente en la sociedad. Al final de los años '40, cuando cada vez más los hombres volvían a casa desde su cautiverio, las tasas de divorcio aumentaron en una proporción que Alemania nunca había experimentado. Lo más despreciable de todo por parte de los Aliados, fue que muchas mujeres fueron obligadas a mirar unas teatralizadas exhibiciones de atrocidades que involucraban cadáveres humanos, y a veces incluso fueron obligadas a sepultar cadáveres sin estar ellas protegidas, quedando por ello despiadadamente expuestas a enfermedades. Miles de civiles alemanes, principalmente mujeres, fueron obligados a ver películas como "Molinos de la Muerte" (Todesmühlen), fabricada por el equipo de "reeducación" y exhibidas en cientos de cines, algunos rápidamente reconstruídos desde sus ruinas tras los bombardeos, mientras los hospitales y las escuelas permanecían en escombros, con el único objetivo de infundir a los alemanes un sentido de culpa colectiva, y para adoctrinarlos en los valores "estadounidenses". En esas películas fueron recreadas espeluznantes escenas de campos de trabajo en dramáticas películas tipo Hollywood para avergonzar a las mujeres alemanas que fueron, al mismo tiempo, privadas de la capacidad de condolerse por sus propios muertos y que estaban tratando de asumir sus propias tragedias personales y los horrores de guerra.

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jueves, 21 de mayo de 2015

La propaganda del odio de Ilya Ehrenburg

El propagandista y maestro del odio Ilya Ehrenburg dijo a los soldados el 31 de Enero de 1945: "Los alemanes han sido castigados en Oppeln, en Königsberg y en Breslau. Ellos han sido castigados, ¡pero todavía no lo suficiente! Algunos han sido castigados, pero no todavía todos ellos". En contraste con la retórica de Ehrenberg, la violación era en verdad un delito militar alemán castigable con la muerte. La violación por tropas alemanas fue la más pequeña registrada en los territorios ocupados y su porcentaje fue mucho más bajo que el de las tropas estadounidenses en bases estadounidenses.Resultado de imagen de violaciones en  berlin
Las escenas de depravación sexual y horror se multiplicaron a través de todas las regiones del Este tan desenfrenadamente como las enfermedades que los criminales dejaban detrás. En Silesia, los soldados del Ejército Rojo emprendieron otra horrenda orgía de violación tan brutal que en un caso en Neisse, 182 monjas católicas fueron violadas por soldados del Ejército Rojo, y en la diócesis de Kattowitz los soldados dejaron a 66 monjas embarazadas. En todas las áreas alemanas tomadas por los comunistas, los civiles que no fueron desterrados fueron sometidos a la brutalidad.

Cuando el Ejército Rojo comenzó su ofensiva hacia Berlín durante la primavera de 1945, miles de alemanes del Este trataron de cruzar el Río Oder y huír hacia el Oeste, pero había demasiados, y muchos fueron atrapados cuando esperaban que se les permitiera cruzar. No menos de 20.000 muchachas y mujeres jóvenes quedaron entrampadas y a merced del Ejército Rojo.


Muchas fueron capturadas, alineadas, con algunas seleccionadas para el "placer" inmediato, luego apiñadas en trenes que se dirigían hacia Siberia en Abril de 1945, algunas siendo repetidamente violadas mientras estaban siendo transportadas y otras que murieron a lo largo del camino por falta de comida y por maltratos. Una vez en Siberia, ellas fueron trabajadoras esclavas obligadas a hacer el pesado trabajo manual, como construcción de caminos, y todo el tiempo soportando un constante abuso sexual. Muchas de esas mujeres permanecieron en los campos de trabajo de Stalin hasta cinco años, durante cuyo tiempo las dos terceras partes de ellas murieron. Algunas fueron enviadas a un campo infame cerca de Petrozavodsk en Karelia llamadoNúmero 517. Una vez que ellas llegaban, se les hacía desfilar desnudas delante de los funcionarios del campo que seleccionarían a sus favoritas, prometiéndoles un trabajo más liviano a cambio de sexo. Las "prisioneras obstinadas" fueron sometidas a aislamiento, mutilación genital o asesinato. De las 1.000 muchachas y mujeres a quienes enviaron a aquel campo, más de la mitad, o 522 de ellas, sufrieron muertes horribles dentro de seis meses .

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En un conocido caso, los soldados del Ejército Rojo entraron en el hospital de maternidad en Haus Dehlem y violaron a mujeres embarazadas, mujeres que acababan de dar a luz, y mujeres en el proceso de parto. El futuro Papa Pablo VI lamentó que en Berlín incluso monjas en hábito fueran violadas. Algunas mujeres vivieron durante semanas en azoteas intentando escapar a la violencia. Miles se suicidaron a consecuencia del abuso sexual, miles de muchachas menores de edad murieron a consecuencia de heridas violentas, y a miles de muchachas que quedaron embarazadas virtualmente se les dejaría pasar hambre hasta la muerte por cuanto los Aliados habían bloqueado los cargamentos con comida de Berlín.


Heinz Voigtländer, un cirujano consultor en el hospital de Ludwigslust, dijo:"Era particularmente terrible... con los embarazos que databan de la primera mitad de 1945... Recuerdo una cifra de 150 a 180 abortos que tuvimos que realizar entonces. Con frecuencia eso era un asunto de embarazos en el cuarto, quinto y hasta en el sexto mes... A veces, en el séptimo u octavo mes, esa ayuda ya no era posible. Entonces las enfermeras prometían cuidar del niño después de su nacimiento. Pero una vez observamos que una mujer se fue del hospital después del nacimiento y ahogó a su hijo en el arroyo que pasaba justo por el hospital. Hablamos tan poco como era posible sobre estos asuntos".
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Además de la asombrosa estimación de más de un millón de violaciones cometidas por el Ejército Rojo en Alemania, hubo entre 70.000 y 100.000 en Viena, entre 50.000 y 200.000 en Hungría, así como miles en Rumania y Bulgaria, que habían sido pro-NS.


En Berlín, en Agosto de 1945, de 2.866 niños nacidos, 1.148 murieron, y era verano, y la comida más abundante que ahora. Desde Viena, una fuente fidedigna informa que la mortalidad infantil se acerca al 100%.

La violación no fue el único abuso violento que sufrieron las mujeres alemanas. En las regiones de Alemania entregadas a los comunistas, las mujeres fueron tratadas con bárbara crueldad, y su sufrimiento no terminó en 1945. Aquellas que no podían o no estaban dispuestas a entregar sus hogares a sus nuevos amos fueron perseguidas.
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Para sorpresa y horror de los atrapados habitantes, los estadounidenses ocupantes de la Alemania Oriental lacerada por la guerra la "liberaron" completamente sólo el suficiente tiempo para entregarla entera al Ejército Rojo para su esclavitud. En esa área, la Alemania comunista (RDA), por supuestas razones de "seguridad pública", instituyó áreas de detención para presos políticos, muchos de ellos mujeres. Desde 1950 hasta 1989 existió una insidiosa agencia de espionaje interno con una estructura militar y más de 90.000 trabajadores. Había oficinas de distrito en más de 30 ciudades. No comentado en nuestros medios, miles de mujeres sufrieron una horrible represión a manos de los comunistas. Sin hombres que quedaran para proteger a las mujeres, la "Stasi" [policía estatal] en Alemania Oriental atiborró de mujeres rebeldes las paredes del húmedo y oscuro castillo Hoheneck del siglo XIII en Turingia.

lunes, 18 de mayo de 2015

Muchos alemanes se dieron cuenta en los últimos años que eran hijos de soldados aliados.





Ute Baur-Timmerbrink (d) y Margot Jung (i) durante la presentación del libro

Los niños nacidos de una alemana y un soldado aliado durante la ocupación del país después de la guerra, marginados e ignorantes de sus orígenes, vivieron una existencia tabú y dolorosa. Una experiencia que una de ellas ha querido relatar en un libro.

"Siempre me comparé con los otros niños y veía que ellos eran mucho más importantes para sus padres de lo que yo lo era para los míos", cuenta la autora de "Nosotros, hijos de la ocupación", Ute Baur-Timmerbrink, de 70 años.

No fue hasta 1998 que ella descubrió que su padre era un militar estadounidense. Ni el que creía que era su padre ni su madre, ambos fallecidos, le dijeron nada. Sin embargo, en la familia, todos lo sabían. Según contó en un reciente encuentro con periodistas en Berlín, fue a través de la hija de una amiga de su madre, que Baur-Timmerbrink descubrió el secreto.

"Todo el mundo se llevó la verdad a la tumba. Yo no puedo", le confió un día llorando. Esta revelación supuso para la autora el comienzo de años de búsqueda de su verdadero progenitor. Se calcula que en Alemania hay entre 200.000 y 250.000 personas nacidas de un padre soldado estadounidense, británico, francés o soviético.

En Austria, este sería el caso de unas 20.000. Los vencedores de la Segunda Guerra Mundial se repartieron la ocupación del territorio del antiguo Tercer Reich: en el oeste, la trizona (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia), que se convirtió en 1949 en RFA; mientras que la zona soviética, en el este, constituyó más tarde la RDA.

Me llamaban el mono

A la ausencia paterna solía añadirse "una marginación y una discriminación" por parte de las madres, que pertenecían a una generación "muy marcada psíquicamente", según un estudio iniciado en marzo de 2013 por las universidades alemanas de Leipzig y de Greifswald, realizado a partir del testimonio de 146 "Besatzungskinder" ("Hijos de la ocupación").

"Mi madre era la puta de "Tommy" y a mí me llamaban el mono", cuenta un participante. "Tommy" es el apodo que se le daba en Alemania a los soldados británicos. En muchas ocasiones, tampoco el padre estaba al corriente de la existencia del hijo. Es el caso de Margot Jung, nacida en 1954 en Coblenza, entonces ocupada por los franceses, cuyo testimonio recoge el libro de Uta Baur-Timmerbrink.

Cuando tenía 7 años, Margot sorprendió a su madre y a su abuela hablando sobre "el francés" y empezó a sospechar. Tras años de búsqueda, un día su madre le dio la dirección de su padre, Jean, en Francia. Aunque Jean había muerto, Margot tuvo la oportunidad de conocer a una hermanastra suya, con quien hoy guarda una buena relación.

"Ya no siento vergüenza, puedo hablar libremente de mi padre", cuenta Margot en el libro. Ute Baur-Timmerbrink trabaja para la asociación "GI Trace", que ayuda a la gente a encontrar a su padre, si este es un soldado estadounidense. Han podido reunir a unas 200 familias.

Pero, destaca la autora, a veces la investigación fracasa: "No podemos prometer nada", insiste. Pues algunos, a veces los padres o a veces sus familias, no quieren remover el pasado.





Fuente: El Tiempo