.

Esto que vas a leer en este blog son algunos "detalles" que tus profesores de historia no creyeron que fuera necesario contarte.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Para que se vayan enterando algunos.

Para que se vayan enterando algunos ignorantes.

Es un lugar demasiado común de gente mal intencionada o desinformada  que repite sin comprobar la veracidad y exactitud de lo que dice, el atribuír a Joseph Goebbels, ministro de Hitler, primero, la frase "Miente, miente, que algo queda" y, segundo, insinuar que él la habría dicho como la revelación de un método propio con todo lo que de ello se deduciría, como si él fuese el maestro y el ejemplo de la mentira, extendiéndolo a todo el actuar del nacionalsocialismo.

Pero vayamos al fondo del asunto: ¿dijo eso Goebbels? Difícil tarea tratar de demostrar que alguien NO dijo algo, cuando es mucho más sencillo probar que efectivamente sí lo dijo. Y seamos honestos: nadie o casi nadie, bajo la censura imperante en temas relativos al Tercer Reich, saldrá a defender la memoria de Goebbels. Pero a nosotros siempre nos pareció rara la frase, como otras tantas atribuídas a personas que ya no se pueden defender.


Convengamos algo: Goebbels fue uno de los integrantes más inteligentes del gobierno de la Alemania nacionalsocialista. Su responsabilidad principal fue ser ministro de Propaganda y Educación Popular y, como la gente del gremio sabe, fue uno de los creadores de la propaganda política moderna. Así que pensar que como anticipo de su función dijera que la misma se iba a basar en mentir repetidamente para que algo falso se instalara como verdadero, parece improbable. Porque en el fondo, quienes repiten la frase dicen dos cosas: que una mentira repetida se convierte en verdad, y que Goebbels lo hacía.


Ahora bien: ¿cuándo la dijo Goebbels?. Buscamos meses, consultamos a especialistas. Alguna vez esperamos que alguien, repitiendo la frase, diera con el origen de la misma. Nada. Ni en un libro, ni en un discurso, ni alguien haciendo pública una conversación privada. Y eso que Goebbels habló, y mucho.
Esta es la versión integra y verdadera que ese mismo año, durante el congreso partidario realizado en Núremberg, Goebbels expresó:


"Toda propaganda tiene una orientación. La calidad de esta orientación determina si la propaganda tiene un efecto positivo o negativo. La buena propaganda no necesita mentir; de hecho, no debe mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no soporta la verdad. La soporta. Es solo cuestión de presentar esa verdad a la gente de un modo que la pueda entender. Una propaganda que miente demuestra que está al servicio de una mala causa. No puede tener éxito en el largo plazo"

Más. Por ejemplo, después de someter a la figura de Goebbels a un análisis muy crítico, el historiador Helmut Heiber del actual Institut für Zeitgeschichte(Instituto de Historia Contemporánea) de Múnich no pudo menos que reconocer en 1982 que


«consecuentemente, Goebbels fue capaz de jactarse que su política informativa era no sólo superior a la del enemigo en su carácter monolítico sino también poseedora de una "seriedad y credibilidad" que simplemente "no podía ser superada". La jactancia pudo ser hecha con alguna justificación: considerando el largo plazo, Goebbels afirmaba que la mejor propaganda es aquella que se halla exclusivamente al servicio de la verdad. Las verdaderas mentiras de Goebbels, sus mentiras conscientes, siempre se refirieron a meros detalles... Las mentiras de Goebbels fueron más de la naturaleza de esos equívocos y evasivas con las cuales los voceros de los gobiernos de todo el mundo buscan "proteger" el "interés nacional"» (Helmut Heiber, "Goebbels", Berlin, 1982).


Para finalizar, el historiador francés Jacques Ellul (1912-1994), en su ya clásico estudio "Propaganda" escribió:


«Subsiste el problema de la reputación de Goebbels. La propaganda anglosajona le adjudicó el título de Gran Mentiroso a pesar de que Goebbels nunca dejó de batallar para que la propaganda fuese lo más exacta posible. Prefirió aparecer como cínico y brutal antes de ser atrapado en una mentira. Constantemente repetía: "Todo el mundo debe saber cuál es la situación". Fue siempre el primero en anunciar eventos desastrosos o situaciones difíciles sin ocultar nada. El resultado fue la opinión general que los comunicados alemanes de entre 1939 y 1942 fueron no sólo más concisos, más claros y menos enmarañados, sino también más veraces que los comunicados de los Aliados. Todo esto es tan cierto que el adjudicarle a Goebbels el título de Gran Mentiroso debe ser considerado como un éxito considerable de la propaganda Aliada»
(Jacques Ellul, "Propagandes", 1962. En inglés, "Propaganda. The Formation of Men's Attitudes", New York, 1965).

jueves, 1 de diciembre de 2016

Diferencias





Capacidad de los hornos de Auschwitz según historia oficial.

-400 cuerpos: 5 minutos
-4.800 cuerpos: 1 hora
-115.200 cuerpos: 1 día
-42.048.000 cuerpos: 1 año

Capacidad de los hornos actuales con la mejor tecnología.

400 cuerpos: 8,3 Días
4.800 cuerpos: un año y un mes
115.200 cuerpos: 26 años y 3 meses
42.048.000 cuerpos: 9,600 años

sábado, 26 de noviembre de 2016

La Cuestión Judía resuelta sólo por medios legales..

Después de Noche de los Cristales, el ministro de Propaganda doctor Gœbbels anunció en una emisión de radio que cualquier acción contra judíos estaba estrictamente prohibida. Él advirtió que severas penas serían impuestas a cualquiera que no obedeciera esa orden. Él también explicó que la Cuestión Judía sería resuelta sólo por medios legales. Como ya se mencionó, los funcionarios del gobierno alemán y del Partido estaban furiosos por lo que había ocurrido. 


Hermann Gœring, que era responsable de la economía de Alemania, se quejó de que sería imposible reemplazar las especiales planchas de vidrio de los ventanales rotos de las tiendas porque no eran fabricadas en Alemania y tenían que ser importadas desde Bélgica y costarían muchas preciosas divisas. A causa del boicot judío contra bienes alemanes, el Reich andaba falto de monedas extranjeras. Gœring por lo tanto decidió que, dado que esa escasez había sido causada por los judíos, eran ellos los que tendrían que pagar por los vidrios rotos. 

Él impuso una multa de 1.000 millones de Reichsmarks a los judíos alemanes. Esa multa siempre es mencionada por cualquiera que escribe acerca de la Noche de los Cristales. Pero los historiadores y los escritores de Historia invariablemente dejan de explicar la razón de dicha multa.

Era ciertamente injusto obligar a los judíos a pagar por el daño que ellos no habían causado. Gœring entendía eso. Sin embargo, en privado él justificó la multa citando el hecho de que la declaración judía de guerra de 1933 contra Alemania fue proclamada en nombre de los millones de judíos de todo el mundo. Por lo tanto aquéllos podían ayudar ahora a sus correligionarios de Alemania a asumir las consecuencias del boicot. 

También habría que señalar que sólo los judíos alemanes con bienes por más de 5.000 Reichsmarks en dinero en efectivo tuvieron que contribuír para dicha multa. En 1938, cuando los precios eran muy bajos, 5.000 Reichsmarks eran una pequeña fortuna. 

Cualquiera que tuviera toda esa cantidad en dinero en efectivo ciertamente habría tenido mucha más riqueza en otros bienes y bien podría permitirse por lo tanto pagar su parte avaluada de la multa sin ser reducido a la pobreza, a pesar de lo que los escritores de Historia han sostenido.

El Acuerdo Haavara


Debido a que muy pocos judíos querían emigrar a Palestina, se hicieron esfuerzos especiales para abrir las puertas de otros países, pero eso demostró ser algo muy difícil. Las naciones prósperas no querían inmigrantes judíos, y los países pobres eran muy poco atractivos. 


El acuerdo Haavara o de transferencia hizo posible para cualquier judío emigrar desde Alemania con prácticamente todas sus posesiones y fortuna personal a condición de que los judíos pudieran depositar todos sus valores en uno de dos bancos judíos en Alemania que tenía sucursales en Tel-Aviv y Jerusalén. 

Tras su llegada a Palestina ellos podrían retirar sus bienes de acuerdo a los términos del acuerdo. El capital alemán de esas dos firmas bancarias judías fue garantizado por el gobierno alemán. Incluso después de la guerra esos activos estaban totalmente disponibles para los dueños judíos o sus representantes. Si un judío no deseaba emigrar inmediatamente, él podía transferir todos sus bienes muebles a Palestina donde serían salvaguardados por un fideicomisario mientras él permanecía en Alemania durante un período indefinido, con la emigración como su objetivo eventual. Mientras tanto su fortuna personal estaba segura fuera de Alemania.

Incluso los judíos más pobres que no poseían 1.000 libras inglesas pudieron emigrar a Palestina con créditos proporcionados por el acuerdo Haavara. Las autoridades británicas generalmente requerían activos mínimos de 1.000 libras para cada inmigrante a Palestina si él no tenía derecho al así llamado certificado de trabajador. Sólo un número limitado de esos certificados estaba disponible y ellos eran emitidos sólo a personas con especiales habilidades de trabajo. 


Además, los judíos que emigraban a Palestina estaban exentos del llamado impuesto de vuelo del Reich, que todos los alemanes emigrantes normalmente tenían que pagar. Sin embargo, las compañías judías que arreglaron las transferencias cobraban a los emigrantes un porcentaje fijo de sus activos totales. El acuerdo Haavara permaneció en funcionamiento hasta el final de 1941, cuando Estados Unidos entró en la guerra.

Después del comienzo del boicot judío internacional contra bienes alemanes en Marzo de 1933, la comunidad judía en Palestina se puso en contacto con el gobierno alemán y ofreció romper el boicot en lo que se refería a Palestina a condición de que eso fuera combinado con la emigración judía desde Alemania. 

Por consiguiente, el acuerdo Haavara o de transferencia fue firmado por los alemanes y los judíos en Mayo de 1933. La comunidad judía de esa manera concluyó un acuerdo extremadamente beneficioso con el gobierno nacionalsocialista sólo unos meses después de su formación. Ese acuerdo fue una fase crucial en la creación del Estado de Israel. Cuando hice esta afirmación en mi libro Feuerzeichen, que apareció en 1981, algunos lectores la consideraron ridícula. Pero luego esa misma afirmación fue hecha en The Transfer Agreement, un libro de Edwin Black publicado en 1984.
En Enero de 1939, es decir, después de la Noche de los Cristales, Rublee y el gobierno alemán firmaron un acuerdo por medio del cual todos los judíos alemanes podrían emigrar al país de su elección. 

De manera bastante interesante, el padre de un futuro Presidente estadounidense y el padre de un futuro Presidente alemán fueron los que casi torpedearon ese acuerdo: Joseph Kennedy, embajador estadounidense en Gran Bretaña, y Ernstvon Weizsäcker, secretario de Estado del ministerio alemán de Asuntos Exteriores y padre del actual Presidente de la República Federal Alemana, Richard von Weizsäcker, Presidente entre 1984 y 1994. 

Adolf Hitler intervino personalmente en el proceso de negociación y salvó el acuerdo enviando al presidente del Reichsbank Hjalmar Schacht a Londres para negociar con Rublee.

Esfuerzos del movimiento revisionista..



Afortunadamente, los esfuerzos del movimiento revisionista histórico, caracterizado por la sana investigación y una perspectiva imparcial, están enmendando los males de la época de posguerra. Que el trabajo de los revisionistas sirva como un punto de referencia para los historiadores del Sistema. 

Los revisionistas, mediante sus escritos, están trabajando duro para restaurar un verdadero sentido de confraternidad, uno que no dependa ni de acusaciones falsas ni de una culpa impuesta, una camaradería que por igual pueden unirse gracias a una preocupación por la justicia y por la verdad.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Los retrocesos ante los avances del Revisionismo.

Fuente: "Escritos Revisionistas. 1974-1998" Robert Faurisson.

Es falso que, como algunos se atrevieron a afirmarlo durante mucho tiempo, haya existido orden alguna de Hitler o de alguno de sus próximos colaboradores de exterminar a los judíos. Durante la guerra, algunos soldados y oficiales alemanes fueron condenados por sus propios tribunales militares, y a veces fusilados, por haber matado judíos.


Es bueno que los exterminacionistas, es decir aquellos que creen en el exterminio de los judíos hayan terminado, rendidos, por reconocer que no se encuentra rastro de ningún plano, de ninguna instrucción, de ningún documento relativo a una política de exterminio físico de los judíos y que, de la misma manera, hayan admitido por fín que no se encuentra rastro de presupuesto alguno para semejante empresa ni de ningún organismo encargado de llevar a cabo tal política.

Es exacto que los judíos conocieron los sufrimientos de la guerra, del internamiento, de la deportación, de los campos de retención, de los campos de concentración, de los campos de trabajo forzado, de los ghettos, de las epidemias, de las ejecuciones sumarias por toda clase de razones; también padecieron represalias o incluso masacres, porque no hay guerra sin masacres. Pero es también exacto que todos esos sufrimientos los padecieron de igual manera otras naciones o comunidades durante la guerra y, en particular, los alemanes y sus aliados.

Es bueno que los exterminacionistas por fin hayan concedido a los revisionistas que los jueces del Proceso de Núremberg (1945-1946) aceptaron como verdaderos, hechos que eran de pura invención como el cuento del jabón fabricado con la grasa de los judíos, el cuento de las pantallas de lámparas hechas de piel humana, el de las «cabezas reducidas», el cuento de los gaseamientos homicidas de Dachau; y sobre todo es bueno que los exterminacionistas hayan reconocido por fin que el elemento más espectacular, más espantoso, más significativo de ese proceso, es decir la audiencia del 15 de Abril de 1946 en la que se vio y se escuchó cómo un ex-comandante del campo de Auschwitz (Rudolf Höss) confesó públicamente que, en su campo, se había gaseado a millones de judíos, fue sólo el resultado de las torturas aplicadas a éste. Dicha confesión, presentada durante tantos años y en tantas obras históricas como la «prueba» N° 1 del genocidio de los judíos, los historiadores, al menos, la echaron al olvido.


Es una suerte que algunos historiadores exterminacionistas hayan reconocido por fin que el famoso testimonio del SS Kurt Gerstein, elemento esencial de su tesis, no tiene valor alguno; es detestable que la Universidad francesa le haya retirado al revisionista Henri Roques su título de doctor por haberlo demostrado en 1985.

Es patético que Raúl Hillberg, el Papa del exterminacionismo, se haya atrevido a escribir, en 1961, en la primera edición de The Destruction of the European Jews, que habían existido dos órdenes de Hitler de exterminar a los judíos, para luego declarar, a partir de 1983, que dicho exterminio se había realizado por sí mismo, sin ninguna orden ni plan sino a raíz de «un increíble encuentro de las mentes, una transmisión de pensamiento consensual» dentro de la vasta burocracia alemana. R. Hillberg sustituyó así la imputación gratuita por la explicación mágica (telepatía).


Es bueno que por fín los exterminacionistas hayan abandonado más o menos, en la práctica, la acusación, fundamentada en «testimonios», según la cual existían cámaras de gas homicidas en Ravensbrück, en Oranienburg-Sachsenhausen, en Mauthausen, en Hartheim, en Struthof-Natzweiler, en Stutthof-Dantzig, en Bergen-Belsen...


Es bueno que la cámara de gas nacionalsocialista más visitada del mundo —la de Auschwitz I— haya sido reconocida por fin, en 1995, por lo que era, es decir una fabricación. Es una suerte que se haya admitido por fin que «AHÍ TODO ES FALSO» y, personalmente, me alegro de que un historiador que forma parte del establishment oficial haya podido escribir: «A finales de los años 70, Robert Faurisson explotó esas falsificaciones tanto mejor cuanto que los responsables del museo mostraban entonces reticencias en reconocerlas» . Me alegro cuanto más que la justicia francesa lo había condenado, de manera inicua, por haberlo dicho.

Es una suerte que la «cámara de gas» en ruinas, que forma parte del Krematorium II de Birkenau (Auschwitz II), pueda servir sobre todo para demostrar «in vivo» y «de visu» que jamás hubo «Holocausto», ni en ese campo ni en otra parte. En efecto, según los interrogatorios de un acusado alemán y según fotografías aéreas «retocadas» por los Aliados, el techo de aquella cámara de gas habría contado con cuatro aberturas especiales (de 25 x 25 cms., precisaban) para verter el Zyklon. Ahora bien, cualquiera puede darse cuenta en ese lugar de que ninguna de esas aberturas existe ni jamás existió. Siendo Auschwitz la capital del «Holocausto» y ese crematorio en ruinas el punto clave del exterminio de los judíos en Auschwitz, pude decir en 1994 —y la fórmula parece haber dado frutos en las mentes—: «No Holes, No "Holocaust"» (Si no hay agujeros, no hay «Holocausto»).


Es una suerte igualmente que se haya invalidado así una sarta de «testimonios» según los cuales aquellos gaseamientos habían existido y es, al mismo tiempo, en extremo lamentable que tantos alemanes, juzgados por los vencedores, hayan sido condenados y a veces ejecutados por crímenes que no pudieron haber cometido.

martes, 22 de noviembre de 2016

La Declaración de Stuttgart

Fuente: Journal of Historical Review, vol. 8 Nº 1
Los acontecimientos del 17 al 19 de Octubre de 1945 en Stuttgart fueron intrigantemente simples.
En 1945 esto ya no era en ningún caso una cuestión, ya que Hitler estaba muerto y los Cristianos Alemanes habían sido desacreditados por amigos y enemigos por igual. En 1945, sin embargo, Martin Niemöller, recién liberado de Dachau, tenía un problema con Hitler ido y el nacionalsocialismo vencido: ¿Por qué predicar contra un Hitler muerto?.

Al poner al descubierto los crímenes de los vencedores, los historiadores revisionistas han demostrado que la culpa por la Segunda Guerra Mundial es compartida, no unilateral. Uno sólo tiene que señalar el clásico libro de David Irving "La Destrucción de Dresden" (1978), que demostró que aunque los Aliados, con la certidumbre de la victoria, tuvieron un amplio rango de opciones para actuar humanamente, ellos decidieron ser aún más brutales y rencorosos, hasta el amargo final.


Mientras la insensata e innecesaria campaña terrorista de bombardeos es bien conocida, ciertos aspectos son menos familiares.

Resultado de imagen de Martin Niemöller

La sabandija Martin Niemöller

Puesto que la Declaración de Stuttgart de la Culpa Alemana está íntimamente asociada con Martin Niemöller, se obtienen ciertas percepciones al tratarlo como una personalidad central. Poco después de que Adolf Hitler tuviera éxito en la creación de una estabilidad política después de una virtual guerra civil de dos años contra el caos y el bolchevismo, el nombre de Niemöller llegó a ser bien conocido dentro de Alemania y en el extranjero. Niemöller, uno de los fundadores de la Iglesia Confesional, y más tarde encarcelado en campos de concentración como un prisionero personal de Adolf Hitler, llegó a ser el favorito de los propagandistas anti-alemanes internacionales.

Niemöller encontró su nuevo Evangelio en la misión de advertir a Alemania y al mundo de los peligros del Hitlerismo, y en la predicación de que los alemanes tenían la necesidad de arrepentirse por Hitler y por la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién si no la Iglesia Confesional podría llevar a cabo esa cruzada en una Alemania caída, degenerada, paganizada y nazificada?. Esa imagen de una Alemania carente de cristianismo estuvo directamente de acuerdo con la propaganda de los victoriosos Aliados, y ayudó a justificar la "reeducación" y "des-nazificación" de los alemanes

Había un requisito previo inevitable para la declaración de la culpa alemana, que los ocho clérigos, liderados por Visser't Hooft, extrajeron del consejo alemán de doce personas. Visser't Hooft, adquiriendo lo que equivalía al control de la ayuda Protestante a Alemania, se sirvió de una poderosa palanca, la cual, como los acontecimientos demostraron, él estaba demasiado dispuesto a usar.